La crisis de EM se trata con fármacos antiinflamatorios potentes, conocidos como corticosteroides, y son hormonas esteroides que contienen cortisona. Los corticosteroides se administran por vía oral o en inyección intravenosa.
En general no se recomienda el tratamiento continuado a lo largo de varios meses, con dosis bajas de un corticosteroide, ya que esa pauta no influencia a largo plazo la enfermedad y puede provocar efectos secundarios graves, como descalcificación prematura de los huesos, anomalías en la distribución de la grasa corporal, turbidez del cristalino ocular, hipertensión arterial y diabetes.
Puesto que la cortisona aumenta la producción de ácido en el estómago, se deben tomar alcalinos o inhibidores de la secreción ácida, como una medida preventiva. El aumento ligero de peso corporal es atribuible a retención de agua, que desaparece con rapidez al terminar el tratamiento.
Los corticosteroides pueden elevar la glucosa en sangre, pero esa acción no tendrá necesariamente un efecto perjudicial en la persona con EM, a menos que sufra también diabetes. Algunos pacientes tratados con corticosteroides desarrollan acné. Se pueden producir cambios psicológicos a corto plazo, variables desde humor exaltado hasta síntomas de depresión, agitación y, en ocasiones, trastornos del sueño. Esos síntomas desaparecen después de terminar el tratamiento.
Para más información consulte con su médico o farmacéutico.