Si usted tiene hijos, deberá atender a sus necesidades y temores, sobre todo si les resulta difícil aceptar la enfermedad.
Los niños, sin embargo, son mucho menos frágiles de lo que podría pensarse, y están capacitados para comprenden y aceptar realidades difíciles y dolorosas, lo que forma parte de la maduración.
Así pues, no es conveniente que usted intente proteger a sus hijos ocultándoles que padece EM, sino que debe procurar que participen en una comunicación abierta y franca sobre la enfermedad, lo que significa para usted y cómo les afectará a ellos y al conjunto de la familia.
El conocimiento y la confianza constituyen un buen punto de partida para este viaje que han de realizar juntos.
A continuación se ofrecen algunos consejos para ayudar a que sus hijos comprendan la enfermedad, y para tranquilizarles en lo que respecta a los cambios de la forma de vida que se deberán introducir en la familia:
- Hable siempre a sus hijos con franqueza, y responda a todas las preguntas que quieran hacer;
Lea información sobre la EM, y hable de ella con sus hijos;
No utilice los hijos como un medio de consuelo o alivio, lo que supondría una actitud injusta; y
Procure que la forma de vida de sus hijos no se altere demasiado.
Los sentimientos de los hijos
Como es natural, los hijos se preocupan por usted, posiblemente piensen lo peor sobre la situación y teman que usted acabe por fallecer. Esa posibilidad es muy remota, y la información sobre la enfermedad, sobre todo si incluye a los hijos en las conversaciones con el médico, constituye el mejor modo de superar esos temores.
Es posible que sus hijos sientan frustración, al comprobar que usted no puede compartir sus aficiones e intereses igual que otros padres. Algunos niños también pueden sentir vergüenza y turbación al mostrarse en público con un padre que requiere la ayuda de un bastón o tiene que usar una silla de ruedas. Al hablar con ellos desde su punto de vista, pregúnteles sobre lo que piensan e intente aliviar algunos de sus temores.
Al responder a sus preguntas, tenga en cuenta la edad, la inteligencia y la madurez del niño, y no lo sobrecoja con información que no puede comprender ni necesita conocer. Si tiene usted más de un hijo, hable con ellos por separado; eso le permitirá colocarse a su nivel y responder a sus preguntas y temores específicos.
El mejor consejo es que hable con sus hijos de la enfermedad en el contexto de su vida y de la vida de la familia. La enfermedad no debe convertirse en el centro de la vida, sino sólo en otro factor a considerar.