Además de los síntomas fisiológicos, la EM también tiene efectos profundos sobre las características psicológicas del individuo. La negación (no querer aceptar la realidad de la enfermedad), la ansiedad, el miedo, la ira, la culpabilidad, la tristeza y los cambios intensos de humor son consecuencias emocionales típicas de la enfermedad.
Las dificultades cognitivas (del pensamiento; casi siempre menores) también proceden del proceso patológico característico de la EM. Entre ellas se incluyen reducción de la competencia intelectual, que se puede expresar en forma olvidos frecuentes, pérdida de capacidad de concentración o atención disminuida.
La EM también conlleva distintos tipos de estrés, que pueden afectarle a usted, como: incertidumbre del diagnóstico, curso impredecible de la enfermedad y presencia de síntomas “ocultos”, por ejemplo cansancio y sensación de debilidad.
Como afrontar la depresión
Es cierto que las personas con EM están predispuestas a la depresión, y eso se debe en general a cambios inflamatorios en el sistema nervioso.
La depresión también puede ser una reacción al cambio de la forma de vida impuesto por la EM, o constituir un efecto secundario de la medicación. Así pues, es importante reconocer lo antes posible cualquier cambio de humor que pueda experimentar usted, y diagnosticarlo correctamente.
El apoyo de los compañeros, la familia o los amigos, ayuda indudablemente a superar la depresión leve. En ciertos casos puede ser apropiado el tratamiento farmacológico específico. En presencia de depresión intensa, sin embargo, se debe solicitar ayuda profesional en forma de psicoterapia o tratamiento farmacológico. También puede ser beneficioso el hablar con otros componentes de un grupo de autoayuda para EM.
Es importante recordar que después del choque inicial causado por el diagnóstico de EM, y una vez aceptada la situación real, usted recuperará una actitud positiva y podrá tener una vida feliz y sana.
Grupos de soporte para EM
Los grupos de soporte, organizados por personas que viven con EM, proporcionan una buena forma de integrarse en la comunidad de pacientes con la enfermedad. En general, esos grupos no están organizados ni dirigidos por médicos u otros profesionales sanitarios. Los miembros del grupo deciden cuándo, dónde y con qué frecuencia se reúnen.
Esas reuniones le proporcionarán a usted la oportunidad de discutir temas médicos, psicológicos y sociales relacionados con la vida diaria. Muchas veces son útiles para conocer cómo resuelven otras personas problemas similares a los de usted. Tienen un efecto tranquilizador, al saber que no está usted solo en sus esfuerzos por vivir con EM, compartir las experiencias y discutir los mejores métodos para hacer frente a síntomas y dificultades comunes causados por la EM.