La frecuencia de trastornos vesicales guarda relación con las diferentes fases de la enfermedad y el grado general de afectación.
Las quejas más frecuentes se refieren a la necesidad casi compulsiva de orinar, a pesar de las micciones repetidas. En fases posteriores de la EM el control vesical puede desaparecer a veces, o la vejiga sólo se puede vaciar muy lentamente, lo que favorece la infección.