Una buena dieta es importante para todas las personas, entre ellas las que sufren EM.
Desde hace muchos años, los investigadores han notado una asociación entre la presencia de EM y los hábitos dietéticos de las poblaciones. Se sabe que la enfermedad es más frecuente en poblaciones que consumen carne y productos animales. El pescado, sin embargo, parece tener un efecto protector.
Los estudios bioquímicos han sugerido que todas las “sustancias mensajeras” responsables de una reacción inmune errónea en la EM, proceden de un ácido graso poliinsaturado el ácido araquidónico Ese ácido favorece la inflamación y se encuentra sobre todo en alimentos de origen animal, como carne, yema de huevo, nata o mantequilla.
Los vegetales, por el contrario, no contienen esa sustancia. Los aceites vegetales como el ácido linoleico gamma, e incluso los aceites de pescado, pueden inhibir la formación de sustancias inflamatorias.
Así pues, una dieta destinada a la persona con EM debe reducir la cantidad de ácido araquidónico en el cuerpo (aumentando la ingestión de vegetales), y normalizar la formación excesiva de sustancias inflamatorias, por ejemplo mediante el consumo de aceites de pescado.
A continuación se ofrecen algunas sugerencias sobre los hábitos dietéticos. Sin embargo, se debe señalar que estas consideraciones son de carácter general, y que cada individuo tiene necesidades únicas. Usted deberá consultar siempre con su médico, sobre lo que es apropiado para su salud.
Recomendaciones dietéticas:
Consuma alimentos de alta calidad y naturales, siempre que sea posible. Los alimentos procesados se deben ingerir sólo de forma ocasional.
- El consumo de calorías debe ser suficiente pero no excesivo. Es aconsejable obtener y conservar un “peso normal”;
- La ingesta de proteínas debe oscilar alrededor de 50-80 g diarios. Se aconseja obtener buena parte de esa cantidad con proteínas vegetales de alta calidad, como el tofu, o con combinaciones sabrosas, por ejemplo patatas con su piel y suero de leche, arroz con leche y muesli;
- Es necesaria una reducción considerable en el consumo de grasas saturadas y grasas de origen animal, procesadas industrialmente y de consistencia dura. En el caso de los niños, tenga cuidado especial con las “grasas ocultas” presentes, por ejemplo, en chocolate, los dulces y los helados;
- Ingiera entre 4 y un máximo de 10 cucharaditas (20 a 50 g) de aceite “bueno”, que contenga un gran número de ácidos grasos poliinsaturados, por ejemplo aceite de soja, aceite de germen de trigo y aceite de linaza. Esos alimentos proporcionan una cantidad suficiente de ácidos grasos poliinsaturados, parcialmente esenciales.
- El consumo diario de suplementos de aceite de pescado puede tener una influencia favorable sobre la EM; sin embargo, tal posibilidad no se ha demostrado de forma convincente. A pesar de todo, no hay duda del gran valor del pescado, desde los puntos de vista dietético y fisiológico; sobre todo si el pescado contiene una proporción alta de ácidos grasos poliinsaturados y proteínas de alta calidad;
- La proporción de azúcar debe ser baja en los carbohidratos consumidos. Elija productos de trigo no refinados, como harina integral y pan integral, arroz natural y avena;
- Aumente el contenido de fibra de la dieta, ingiriendo más frutas, verduras y ensaladas.
- Finalmente, reduzca la ingestión de alimentos animales a dos o tres veces por semana, y limítese a la carne más magra posible, o sustitúyala por pescado. Es preferible evitar los embutidos, puesto que la mayoría de ellos contienen una gran cantidad de grasa oculta; y
En caso de osteoporosis, o de riesgo aumentado de osteoporosis (inactividad, tratamiento con cortisona), es muy aconsejable un suplemento de vitamina D y de potasio. El ejercicio físico regular también reduce el riesgo de osteoporosis.
EM y sustancias adictivas
Por ahora no existen pruebas para sugerir que el alcohol y el tabaco tienen un efecto negativo sobre la evolución a largo plazo de la EM.
Sin embargo, existen pruebas convincentes de los riesgos para la salud general impuestos por el alcohol y el tabaco, aunque no es necesario prescindir de un vaso de vino o cerveza ocasional, con la comida o con los amigos. Las personas tratadas con fármacos deben pedir consejo a sus médicos antes de beber alcohol, que en algunos casos puede aumentar el cansancio y agravar los problemas de equilibrio y los trastornos vesicales. Es preferible discutir todos estos temas con un médico o profesional sanitario.